Jornadas de Diálogo Mística y Ciencia.

Universidad de Las Palmas 6-8 Febrero 2002.

Ponencia "La dimensión humana de los símbolos., Implicaciones desde la mística para el hombre actual."

Por Carlos Alemany

Catedrático de Psicología de la Comunicación.

Universidad Pontificia Comillas de Madrid

En primer lugar quisiera manifestar mi satisfacción por haber sido invitado a estas jornadas. El programa acierta a hilvanar uno de los temas cruciales que ya se está debatiendo, pero que no ha hecho más que comenzar. De hecho estamos abordando uno de los desafíos más importantes con que nos encontramos al cambiar de siglo y de milenio.

El tema que me invitan a desarrollar es muy amplio y por ello mismo susceptible de diversos enfoques. El mío va a tener fundamentalmente dos partes: en la primera trataré de recordar y refrescar algunas consideraciones que sobre los símbolos hacen las Ciencias Humanas hoy. En la segunda, quisiera ofrecer algunas reflexiones sobre lo que eso significa para la dimensión religiosa y para la experiencia mística para terminar poniendo el acento en que tenemos que conectar con una humanidad que está en crisis y vislumbrar algunas pistas para afrontarlo.

1. LOS SÍMBOLOS Y LA DIMENSION HUMANA:

Durand (pp. 9-15) señala que siempre ha reinado una gran confusión en el empleo de los términos relativos a lo imaginario y que la mayoría de los autores utilizan indistintamente "imagen", "signo", alegoría, símbolo, emblema, parábola, mito etc. No pretendemos aclarar los parecidos y diferencias, pero sí clarificar algunos aspectos:

1.1. La conciencia dispone de dos maneras de representarse el mundo. Una directa, en la cual la cosa misma parece presentarse ante el espíritu, como sucede en la percepción o en la simple sensación. Y otra indirecta cuando por una razón o por otra la cosa no puede presentarse en carne y hueso a la sensibilidad. En este caso de conciencia indirecta se representa ante ella mediante una imagen, en el sentido más amplio del término (Durand, p. 10).

Desde ahí podemos entender lo que es signo y lo que es símbolo, aunque a veces se entrecrucen algunas líneas.

Los signos son elegidos arbitrariamente y son fácilmente reemplazables por aquello a lo que aluden. Por ejemplo en la circulación la señal de stop, que es convencional (disco blanco con raya horizontal roja) es un signo de prohibición. Y eso basta. No hace falta agregar al cartel la imagen del policía amenazador. El ejemplo de las matriculas de los coches de Suiza, CH (Confoederatio Helvetica, en latín), también es muy directo.

El signo puede conocerse con los sentidos, da a conocer alguna cosa, puede expresarse mediante algún concepto, es inequívoco "forma parte del mundo físico de los seres" (Casirer); descansa en la coincidencia, la convención y la organización

Es posible, por lo menos en teoría, distinguir dos tipos de signos: los signos arbitrarios puramente indicativos que remiten a una realidad significada que, aunque no esté presente, por lo menos siempre es posible presentar. Y los signos alegóricos, que remiten a una realidad significada difícil de representar( por ej. la alegoría de la justicia, con un personaje ojos tapado con la balanza y la espada).

Los símbolos, en cambio, se dan cuando el significado es imposible de presentar y el signo solo puede referirse a un sentido, y no a una cosa sensible. Las parábolas de los evangelios serían verdaderos símbolos del conjunto del Reino.

Todos los símbolos son signos pero no todos los signos son símbolos. No son categorías rígidas. Ambos no son rechazables ni inventables sin más. Ambos corresponden al orden de lo comunicativo y desempeñan en él su función. El signo puede hacerse símbolo: por ej. una bandera, la de EE.UU. cargada de elementos emocionales tras el Apocalipsis de las torres gemelas y colocada en todas partes o un número con función mágica-sacral (7,3,1).

Dejemos a Jung que nos defina lo que entiende por símbolo:" la mejor representación posible de una cosa relativamente desconocida, que por consiguiente no sería posible designar en primera instancia de manera más clara y más característica."

Para Jung la función del simbolismo es importante para la construcción de la personalidad y para crear armonía entre contrarios.

El símbolo nos crea lazos de comunión con otras personas, con la naturaleza y con el cosmos.

 

 

Otro conocido psicólogo, Rollo May lo definirá de esta manera: "Un símbolo es un puente que une el consciente y el inconsciente, el pasado y el presente, lo subjetivo y lo objetivo, la razón y la emoción, el grupo y el individuo...Los símbolos son las claves de nuestra comprensión de los otros como seres humanos. Y para comprender al otro, hay que comprender su simbolismo. En caso contrario nos ocurrirá como si nuestro cerebro no funcionara bien. Entenderíamos y utilizaríamos todas las palabras que el otro utiliza; pero sin saber entrar en su simbolismo, no podríamos unir las palabras entre sí para darles un significado (1981)". En una palabra es lo que nos permite comprender los marcos de referencia ajenos.

1.2. Entre las características del símbolo, queremos subrayar las siguientes:

a) Epifanía: El símbolo, como la alegoría, conduce de lo sensible de lo representado a lo significado, pero además por la naturaleza misma del significado inaccesible es epifanía, es decir, aparición de lo inefable por el significante y en él nuevamente se advierte cuál va a ser el contenido predilecto del símbolo: lo no sensible en todas sus formas: inconsciente, metafísico, sobrenatural, artístico etc. Por ello el símbolo es la epifanía de un misterio.

b) La unión de dos mitades: La etimología de símbolo, no solo en griego sino también en hebreo (mashal) o en alemán (sinnbild) siempre implica la unión de dos mitades que se van a juntar: signo y significado

La etimología griega nos lo dice muy bien: symballein implica ensamblar diversas partes, en este caso distintos fragmentos o trozos que por si nada significan, pero que juntos, ensamblados se convierten en portadores de significado, respecto del conjunto que integran. La esencia del símbolo descansa en el común encuentro, en el ensamblaje de la imagen y de lo que en la imagen está representado, en la conexión intrínseca existente entre una y otra.

Arnau (p. 94) señala que el símbolo aparece siempre colocado entre dos elementos a los que sirve, ejerciendo entre ellos una función de puente.

c) Redundancia: Otra característica interesante del símbolo es su poder de redundancia. En su capacidad de repetirse de muchas maneras, de descifrarse inagotablemente, el símbolo satisface de manera indefinida su inadecuación fundamental . Y esta repetición, señala Durand, no es tautológica, sino perfeccionante, merced a aproximaciones acumuladas (p. 17). No es que un solo símbolo no sea tan significativo como todos los demás, sino que el conjunto de todos los símbolos relativos a un tema, les agrega una potencia simbólica suplementaria.. Por ejemplo el aludido anteriormente del significado de las parábolas del Reino. Sobre todo en San Mateo constituyen una verdadera cosmovisión simbólica en el que la relación semántica entre la paja y el trigo, la pequeñez del grano de mostaza y el gran tamaño del árbol que engendra, la red y los peces etc. tienen más importancia que el sentido literal de cada parábola. Y por eso su significado para expresar lo que quería decir Jesús que era el Reino, es redundante.

Indudablemente hay que advertir que hay variaciones en la intensidad simbólica de una imagen pintada y la intensidad significativa del sistema de redundancias iconográficas, como bien señala Durand (pp. 19-20). La imagen puede transmitir más sentido o menos sentido. Por ejemplo. "El Hijo pródigo" de Rembrandt, tan divulgado últimamente con el libro de Henri Nouwen es incuestionablemente más rico que "El buey desollado", del mismo pintor. También la intención simbólica de un icono bizantino o la de Fray Angélico es mucho mayor que la de un pintor impresionista a quien solo le interesa la expresión de la luz.

d) Apertura y autotranscendencia: El símbolo aparece pues como un modo de conocimiento nunca del todo adecuado, nunca objetivo, ya que jamas alcanza y se cierra en un objeto, nunca explícito, sino siempre ambiguo y que lleva en su interior, el mensaje inmanente de una transcendencia. Desde ahí es donde podemos afirmar que la verdad radical de la realidad es que ninguna cosa es ella misma. "La verdad de una cosa contiene más que la cosa" (Rombach). En la profundidad de esa experiencia de la realidad hunden sus raíces los mitos y los símbolos, que forman por ello el estrato primero de la evolución histórica y psíquica del hombre. En la visión simbólica del mundo se hace patente el significado superior (y a la vez más profundo) que un individuo posee por encima de su existencia como fenómeno sensible. Nosotros tenemos que penetrar a través de la epidermis de nuestro mundo fenoménico para percibir el milagro de la significación humana en lo cotidiano. Todo lo pequeño adquiere un sentido cuando tomamos conciencia de que apunta a algo mayor y de él participa. Solo quien se abre puede ser participe de esa revelación, que es apertura

e) Funciona más allá de los conceptos: Funciona cuando los conceptos ya no son suficientes o no bastan; escapa a lo que la razón puede abarcar, porque tampoco está producido exclusivamente por ésta. Manifiesta que el lenguaje está subordinado a la vida, pero también que todo es susceptible de convertirse en significativo. Los datos básicos de la existencia humana(alma, vida, ser, mundo tiempo...) no se captan primordialmente con el intelecto y por ello tienen un elemento de irracionalidad. Y sin embargo por ello, dirá Paul Ricoeur "el signo da que pensar". Y es que el signo simbólico se expresa en analogías, relaciones y síntesis.

El símbolo en cambio no siempre es perceptible por los sentidos: porque es signo visible de la realidad invisible, corpóreo de lo espiritual, externo de lo interno, presente de lo transcendente, representa algo y es equivoco (sangre-vida y sangre muerte; serpiente farmacéutica o venenosa). Es objetual. Es una pieza de arcilla dividida que en sí no significa nada, pero adquiere significado respecto de algo invisible: permite reconocer al amigo. El ensamblaje entre objeto y lo que el objeto representa por conexión interna, tiene sus raíces en el fondo de la experiencia colectiva humana.

Veamos un ejemplo: un cántaro de barro adquiere significado no asociado al agua , sino al fenómeno de contener agua. Su significado amplio de la vivencia humana está en el saberse cántaro de la mujer embarazada, portadora de vida, símbolo vivido en el presente al darse uno cuenta de haber sido concebido y contenido en otra vasija de carne (contemplación del pasado) o en el estremecimiento de adelantar la caída y la ruptura del cántaro, que entonces dejará de contener vida (contemplación hacia el futuro). He aquí cómo un signo visible nos evoca múltiples significados invisibles, lo cual nos informa de que la función simbólica es humana y de que no reside en los objetos.

Otras expresiones del símbolo pueden ser: portador de significado, vocablo figurado, parábola, paradigma, emblema, arquetipo, metáfora, alegoría etc.

Según la tradición eclesial 7 es el número de los pecados capitales, pero 7 igualmente es el número de los sacramentos salvíficos. El color rojo está en conexión de significado con la sangre, y esta con la vida; más por otra parte, también se relaciona con el derramamiento de sangre y con la muerte.

g) Inefable:- El pensamiento simbólico es un pensamiento en analogías, relaciones y síntesis y está referido a la totalidad. Mediante la confluencia de elementos racionales e irracionales, mediante la manifestación del sentido en lo sensible, el símbolo mantiene la tensión que le es propia. Lurker (pp. 13-14) lo muestra citando a Goethe quien describe certeramente esta característica en sus Maximen: "El simbolismo convierte la manifestación en idea, la idea en una imagen; y ello de tal modo que la idea permanece siempre infinitamente eficaz e inalcanzable y aun expresándose en todas las lenguas, permanece inefable."

Dicho de otra manera podemos hablar de lo simbolizado de muchas formas y en muy diferentes lenguajes. Y nunca los agotamos.

Los símbolos captados por los hombres de todos los pueblos, culturas y religiones, como luz y tinieblas, agua y fuego, árbol y monte y también camino y cueva, los denominan algunos autores "símbolos originarios": en ellos hay una realidad objetiva y perceptible por los sentidos, que apunta a un poder luminoso y transcendente.

En el ámbito de la concepción religiosa del mundo así como en el campo artístico, los símbolos pueden convertirse en el mensaje de la totalidad del ser, de un mundo universal y puro., siempre viejo y siempre queriendo estrenar novedad.

g) Unificadores desde el lenguaje del corazón. Una última característica que destaca acertadamente X. Quinzá (p. 36): los símbolos son muy importantes porque despiertan el interior del hombre y nos capacitan para expresar lo más íntimo: son el lenguaje del corazón. Configuran un modo de expresar lo nuclear de la vida, son unificadores, y nos aportan la capacidad de expresar integradamente el mundo, lo que ayuda poderosamente a expresarnos con sentido y por tanto también promueven la experiencia de plenitud de felicidad.

Los símbolos expresan el misterio de la vida, aquello más profundo del ser humano que la razón no alcanza a comprender. Expresan realidades del corazón, del centro interior y personal del hombre. Para explicar las cosas usamos el lenguaje racional y descriptivo, pero ese discurso explica la realidad mediante conceptos y al abstraerla la separa de nosotros. Entonces, para expresar lo más misterioso de la existencia sin sentirnos separados de ella, usamos los símbolos.

1.3. El hombre, animal simbolizante.

Lo han afirmado muchos autores: entre ellos elijo a dos que me parecen muy representativos: a Juan de Dios Martín Velasco y a Pedro Laín Entralgo, que nos dejó hace pocos meses, después de habernos dado mucho.

Martín Velasco afirma que todos los símbolos del mundo humano remiten a una presencia anterior, la de un símbolo originario que les confiere su condición simbólica Ahí es donde se da una interioridad., ahí es donde se encuentra la raíz de esa maravillosa posibilidad de lo real de hacerse ventana visible hacia lo invisible, de que lo finito del hombre se abra a lo infinito, de que la fugacidad de lo temporal se carga de la densidad de lo eterno .Por eso el proceso de humanización- sigue afirmando Martín Velasco- ha podido ser descrito como un proceso de simbolización y se ha podido situar el simbolismo en el umbral de lo humano

El hombre no vive solamente en un puro universo físico, sino en un universo simbólico .El lenguaje, el mito, el arte, la religión, es decir, los ámbitos en que se muestra y realiza la forma de ser en el mundo propia del hombre, constituyen parte de este universo, forman los diversos hilos que entretejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana.

" Paradójicamente el desarrollo excesivo de la racionalidad, producto de la civilización moderna, está llevando al hombre a un creciente proceso de deshumanización. En esas situaciones no es raro que esa capacidad simbólica reprimida se muestre inconscientemente y de forma indirecta a través de las manifestaciones del arte, los sueños, la necesidad de salir del mundo estrecho marcado por la ciencia y- por qué no decirlo- por el peso a veces opresor y poco sugeridor de las grandes religiones. Todo ello no son más que expresiones de una nostalgia, un anhelo y una búsqueda ni confe-sada ni identificada.

Muchos quieren seguir identificando los símbolos como una actividad exclusiva del niño, del poeta, del artista o del hombre desequilibrado. Indudablemente que el privilegio de la obra de arte, del cuadro del pintor o del poema del poeta ( por ej. el joven Juan de Yepes escribiendo en la oscura cárcel de Toledo) todo ello está en que en ella late la intuición del autor que reclama y hasta suscita la intuición del que lo contempla o le lee, provocando así el encuentro de las dos intuiciones. (p.28).

Pero con matices diferentes esa misma condición simbólica revela el mundo de la persona, el de las relaciones interpersonales , el mundo de la religión y el de las grandes preguntas radicales.

 

"Verdaderamente, afirma Martín Velasco- todo el mundo del hombre está lleno de símbolos. Y no porque esté lleno de objetos ya constituidos en símbolos que él no tenga más que contemplar y utilizar, sino , más radicalmente, porque el hombre por ser hombre y para ser hombre necesita simbolizar"

Laín Entralgo dice que a la larga serie de nombres que se han dado para designar al hombre: animal racional, animal instrumental, etc. Ernest Cassire añadió uno, como lo habían hecho antes otros en la tradición romántica: el hombre es, antes que todo eso, animal simbólico. Y dice Laín, que él lo modificaría diciendo que es animal simbolizante, es decir, que es capaz de fabricar símbolos. ¿Qué es lo que puede hacer humano al hombre? Y responde: que el hombre es hombre en tanto que puede convertir los signos en símbolos y los usa. Todo es susceptible de ser simbolizable.

Precisamente una de las diferencias entre el animal y el hombre es que el animal a fin de cuentas ni simboliza ni interroga. No se ha conseguido que el chimpancé, por muy listo que sea- y ha adquirido una serie de habilidades aprendidas, que interrogue. El animal no siente dentro de sí la limitación de sus conocimientos, ni pregunta por información de esa área limitada de sus conocimientos .Lo que hacen los animales cuando se les ha enseñado- es a usar los objetos .Por eso, afirma el prof. Laín Entralgo, el hombre es un animal interrogante y simbolizante. El hombre interroga, se hace preguntas, ¿por qué? .El hombre es el único animal capaz de reconocer el limite de sus capacidades actuales y aspirar a una realización de la existencia que transciende ese limite. Si pregunta, es para transcender lo que no sabe. Por ej. la pregunta ¿ y después de muerto que va a ser de mi? Es tremenda y patética y las respuestas son múltiples.

Simbolizar es un atributo, una actividad específicamente propia del hombre ¿Qué es lo que le hace al hombre ser humano? Para Laín, la capacidad de simbolizar. Crear símbolos es entrar en una dimensión virtualmente ilimitada y por ello romper los horizontes limitados del ente. Por ello el hombre no solo construye algo que es nuevo sino también lo hace de mil formas diferentes.

Puede ser una fuente inagotable el simbolizar, como también lo afirma Gendlin, un buen filósofo de la Psicoterapia Experiencial. El hombre así se abre no solo al mundo que es, sino también al que puede ser y ahí actúa como creador. La posibilidad ilimitada de la creación nos abre a la posibilidad de lo infinito. Aspiramos a lo infinito, lo pretendemos desde nuestro ser finito. Y ¿cómo aspiro? Preguntando, creando, innovando. El hombre, que personalmente es limitado y al que le pesan sus propios límites, sigue hasta el final ilimitado en sus pretensiones. Un ejemplo de esto es el de Goya quien a los 80 años escribía desde Burdeos: "aún aprendo".

2. LOS SÍMBOLOS Y LA DIMENSIÓN RELIGIOSA

2.1. Símbolos y grandes religiones: desde aquí se comprende que los símbolos hayan pasado a ser un elemento fundamental en la historia de todas las religiones, pues a través de los mismos se han expresado tanto la escondida transcendencia de la divinidad a la que se adora, como la apetencia humana de alcanzarla y unirse a ella. El culto a través de símbolos, y esta ha sido la forma habitual de practicarlo en las diversas religiones, ha tenido siempre, como finalidad primordial, expresar mediante elementos y gestos diversos los tipos de relación que el hombre ha sentido necesidad de manifestar ante la divinidad. De un modo genérico se puede afirmar que el símbolo ha tendido siempre a significar en categorías religiosas la finalidad escatológica del vivir humano, con lo cual ha expresado una tendencia a motivar la transcendencia.

Aplicar el símbolo en la teología: equivale a recurrir a un procedimiento a la par analógico y transcendente con el que expresar la posibilidad que tiene el hombre de acercarse a Dios y a la realidad sobrenatural. Analógico, por cuanto admite el proceso relacional que posibilita hablar de lo desconocido a partir de un dato que presta el apoyo de una semejanza y transcendente, por cuanto posibilita abrir el ascenso de lo conocido a lo desconocido.. Y al formular sus proposiciones simbólicas, a partir de la palabra de Jesús, la teología se realiza como ciencia que expresa y concreta su propia verdad y, al mismo tiempo, posibilita el conocimiento de la divinidad y la comprensión del vivir del hombre como realidad abierta hacia el misterio trascendente de Dios.

En el libro que se estrena en estas mismas Jornadas, "La ola es el mar", W. Jaëger afirma:

"Desde mi infancia estoy buscando respuestas a las preguntas auténticas de la vida: ¿ por qué vivo?¿ cuál es el sentido de estos sesenta, setenta o a lo mejor ochenta años de vida en esta insignificante mota de polvo, ubicada en el borde de un inmenso universo. En los caminos espirituales de Oriente- prosigue- he encontrado una profundidad espiritual que es totalmente equivalente a la mística cristiana. Creo haber encontrado en la mística oriental y occidental las respuestas verdaderas a la pregunta por el sentido de la vida." Y aquí termina el párrafo con una importante afirmación: "A veces , me parece que la mística supone la salvación de la religión"( p. 16)

A mi también me lo parece. Más todavía, estoy seguro de que por ahí van los tiros. Pero para ellos hay algo que lo facilita: verte en proceso de cambio, dirán los psicólogos, o ponerte en camino, sugerirán los maestros del espíritu. En España el recuperado Camino de Santiago, y no sólo para los años jubilares, es el lugar donde muchos se ponen andar con motivaciones bien distintas y la mayoría acaban rozándose con otros caminantes, comparten lo encontrado con otros buscadores, tiene auténticas experiencias místicas aunque paradójicamente no hayan pisado la iglesia o practicado su religión, algunos desde hace lustros. Está escrita y bien trabajada la historia de la mística, de los místicos clásicos y de los modernos y de la mística en las diversas confesiones. Trabajamos por esa mística postconfesional, como la llamará Jäeger. Pero no pongamos esa mística tan lejos de nosotros. Todos conocemos personas cercanas a nosotros que han tenido, a partir de lo ordinario, una experiencia de lo inefable, del misterio de Dios y que esa experiencia les ha cambiado el derrotero de sus vidas. Agnósticos y creyentes tradicionales, gente en el frontera o gente instalada en el excesivo confort, incluso gente buena para los que el templo y el culto han dejado de ser para ellos señales de vida y de inspiración.

Bien es verdad que para consolarnos, como afirma el mismo autor esta crisis de religiosidad, que en el fondo es búsqueda de misticismo, no ocurre sólo dentro de nuestra Iglesia Católica. Hoy en día hinduismo, judaísmo budismo etc. tienen que afrontar también la recuperación del camino original que les dio el frescor originario. Por eso la espiritualidad transconfesional, y el diálogo interreligioso son de tanta actualidad.

Si el primer encuentro de Asis en 1986 ya tuvo un gran impacto simbólico, el nuevo gesto del del 24 de Enero pasado, volviendo todos a Asís y partiendo en el mismo tren desde Roma, parece todavía más apropiado al momento que vivimos. Comentando el gesto primero W. Johnston decía: "Todos se mostraron de acuerdo en que había llegado el momento de que las distintas religiones rezasen juntas por la paz mundial, por la justicia internacional y por la preservación de nuestra Madre Tierra. El patrón del encuentro habría de ser San Francisco de Asís, el humilde y alegre poverello, cuyo amor por los amigos y los enemigos, junto con su extático himno al sol y a la luna, había cautivado los corazones de hombres y mujeres de todo el mundo." Asís nos da esperanzas para el tercer milenio. El caos, la conflagración y la catástrofe pueden tener lugar, pero la oración unida de todas las naciones prevalecerá "

No pensaba Johnston que a los pocos meses de publicar su libro en inglés "Una mística para una nueva era" – en proceso de traducción – el mundo entero iba a tener esa sensación de caos y de catástrofe mundial. Ni tampoco que iba a tener lugar un 2º encuentro en Asís, el 24 de Enero pasado, más necesario que nunca.

En el sonaba con mayor impacto la invitación del anciano Juan Pablo II que con voz potente reclamaba "Que en nombre de Dios cada religión lleve sobre la Tierra justicia y paz, perdón, vida y amor" El Papa deseó que esta insistencia ayude a construir un planeta más justo y más solidario. Ese es el desafío del diálogo interreligioso y también la capacidad para unirnos todos en la oración y en la experiencia de la mística hecha desde el pan nuestro de cada día, codo a codo con otras experiencias intercambiables con la nuestra.

"Francisco, el místico que inspiró el acontecimiento de Asís, era un amante extático. Estaba enamorado de Dios, del universo y de toda la familia humana. La llama de amor viva colmó de tal modo su mente y su corazón que se desbordó por su cuerpo; y la sangre fluyó de sus manos, sus pies y su costado, al igual que fluyó de las cinco llagas del Crucificado. Porque el amor místico es una herida, una herida preciosa, una dulce cauterización, como San Juan de la Cruz sabía muy bien cuando gritaba: "¡Oh, llama de amor viva, cuán tiernamente hieres mi alma en lo más profundo de su centro"

 

2.2. Los símbolos y la Teología actual.

El símbolo, en el marco de la Teología actual, es esa mediación que reúne al menos estos 4 aspectos:

a) Simbolizar es "poner juntos". Con ello respondemos al concepto originario. Poner juntos varios elementos del mismo conjunto.

Esos elementos que se ponen juntos son diferentes entre sí, pero pertenecen a un todo del que son parte. El símbolo conecta con aquellas realidades que poseyendo ya su propio significado, conducen el espíritu hacia otra realidad correlativa pero escondida

b) El símbolo mítico: el primer tipo de lenguaje simbólico que ha utilizado el hombre es el mito. Los mitos siempre significan algo , habitualmente complejo y profundo e interesante para reflexionar para la realidad humana. Los mitos manifiestan una concepción unitaria de la realidad incorporando causas que están ocultas y no son accesibles, por ej. los dioses y el poder del destino.

c) La capacidad simbólica del poeta: los poetas se encuentran mucho más cerca de la conciencia integradora, porque por su naturaleza la poesía supone una correspondencia entre la experiencia del ser en el mundo y el sentido de la vida. Los poetas descubren cómo la realidad visible transparenta y encarna el mundo invisible. Nos sugieren y descubren todo un mundo de significados que nos pasan ordinariamente desapercibidos. El autor del Cantar de los Cantares, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz son bellos ejemplos de ello.

d) La perspectiva simbólica sacramental: no son pocos los que han considerado la actividad simbólica como un sustitutivo un tanto infantil o mágico de la actividad racional. No es así: recurre a ella la mente cuando se quiere transcender los meros datos y se busca una relación con la transcendencia.

Las cosas, los seres vivientes, las personas, creadas por la palabra y el Espíritu de Dios, son realidades portadoras de sentido; son mensajes de Dios que podemos escuchar; son regalos suyos que pueden agraciarnos hasta lo insospechado y que estamos invitados a acoger y a valorar. Pascal dirá acertadamente: "Toda cosa esconde un misterio; todas las cosas son como velos que esconden a Dios".

El pensar sacramental es la capacidad de percibir el mundo en su dimensión simbólica, en su misteriosa transparencia. En efecto, la transparencia es la categoría simbólica por excelencia, es la que permite captar la realidad sin fragmentaciones. Transparencia además, es categoría de encuentro.

2.3. Los símbolos y la mística:

No podemos hablar de la experiencia religiosa, ni de la experiencia mística sin tener en cuenta el encuentro como símbolo fundamental.

a)encuentro humano y encuentro religioso

b)Los símbolos del encuentro con Dios en la Historia de Salvación:

c)Los símbolos del encuentro en los místicos:

Nuestros místicos clásicos, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y también los más contemporáneos Edith Stein, o Teresa de Lisieux Jesús, todos ellos manejan maravillosamente el lenguaje de los símbolos. Ellos son los que les ayudan –torpemente muchas veces- a poder expresar sus constantes encuentros con lo inefable:

Buscar " buscando mis amores", perderse,"que andando enamorada me hice perdidiza y fui ganada", soledad, "en soledad vivía" la noche, "aunque es de noche", la llama, "Oh, llama de amor viva", la fuente "¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre…", la ausencia y el vacío "Adónde te escondite Amado…", el monte o la nada no son más que la punta de un iceberg de complejos procesos de ese andar a tientas en el dejarse conquistar por el Señor de sus vidas.

A los místicos, alguien y con acierto, les ha llamado "nómadas enamorados", que nunca tienen la sensación de haber llegado. No están satisfechos, y siempre se encuentran abiertos hacia el amor que les ha alcanzado.

Nos resulta muy familiar esta clave del místico como buscador a nosotros, hombres y mujeres que nos ha tocado vivir en un mundo en permanente transformación y que para responder a nuestras preguntas radicales, para dar cuenta de nuestra identidad difuminada, no tenemos más remedio que ponernos en camino, hacia Santiago y/o hacia el interior de uno mismo y juntarnos con otros buscadores para intercambiar nuestras balbucientes respuestas.

 

"En el maestro, afirmará Durkheim, la luz proviene de la noche que él ya ha pasado; su saber florece en un segundo plano de la conciencia perdida; y su encuentr ocon la debilidad y la muerte le han hecho fuerte. Su amor ha nacido en el sufrimiento de la soledad vivida.

Aspirar as una existencia solidamente asegurada- prosigue Durkheim, se opone a la verdad de la vida, nunca inmóvil, jamás instalada en sitio alguno .Este es el primer paso hacia la madurez humana(Durkheim K., El maestro interior Ed. Mensajero. Bilbao 1989)

Y evocando a Juan de la Cruz:

 

"En soledad vivía

y en soledad ha puesto ya su nido

y en soledad la guía

a solas su querido

también en soledad de amor herido"

La soledad es uno de los símbolos más queridos por Juan de la Cruz. Ella es uno de los ámbitos privilegiados en los que el enamorado encuentra"los ojos" de un Amor, lejos de la dispersión de otros amores…Lo cual no impide ver en todos los amores un recuerdo ,un guiño y la nostalgia de un amor más pleno.

La soledad sonora de San Juan de la Cruz es uno de los escollos de l buscador de todos los tiempos, no acostumbrado a dejar que de la soledad renazcan abrazos no programados, como muy bien sugiere en sus comentarios Miguel Márquez, actual prior de los Carmelitas de Salamanca .La soledad enamorada, buscada y "padecida" para cultivar una relación íntima cercana y atenta…¡Qué difícil que hoy puedan encontrar esta experiencia y este lenguaje las jóvenes generaciones, acostumbradas como están a llenar sus vidas de ruidos, cascos de música, móviles que emiten estímulos , respuestas y mensajes las 24 horas! Y Qué difícil también para los adultos pararnos en esta agitada sociedad donde no solo el hacer está tapando constantemente al ser , sino un hacer que es errático, competitivo, apresurado y ansioso y desgastante corporal , psicológica y espiritualmente hablando.

Haríamos un recorrido más detenido por nuestros místicos, pero sólo queremos aludir a ellos como una invitación a descubrirlos justo desde la relectura necesaria en nuestra frágil y vulnerable sociedad del siglo XXI, al menos para convertirnos un poco más en "contemplativos en la precariedad" (Márquez, 1999. pag. 167 ss.)

 

2.4. Los símbolos como encuentro.

a) Encuentro humano y encuentro religioso. Para comunicar nuestras experiencias religiosas, los hombres y las mujeres nos servimos del lenguaje simbólico. Siempre que intentamos expresar las relaciones que nos unen con lo divino, o que nos preguntamos por la naturaleza de los seres superiores, utilizamos espontáneamente el lenguaje simbólico.

Los autores sagrados, al utilizar el lenguaje simbólico y mítico para describir su credo (éxodo y creación) no querían afirmar lo objetivo de la realidad divina y humana, sino desvelar el sentido de las acciones de Dios para el hombre y exponer la autenticidad de la respuesta del hombre a Dios. La fe cristiana o revelada no tiene unas estructuras peculiares de lenguaje, sino que se fundamenta en la simbólica universal. Los arquetipos, los símbolos fundamentales, han servido para dar unidad de sentido a los múltiples acontecimientos de la historia de la salvación, cuyo centro es la Encarnación y cuyo término es la instauración del Reino definitivo.

Ya hemos visto que propio del símbolo es "poner juntas" realidades separadas, expresar la condición unitaria de la realidad, ser epifanía del sentido interior de cada cosa o de cada viviente, manifestar y actuar la gran armonía y correspondencia entre los diversos niveles de seres y de los estratos de cada persona.

Por ello queremos destacar el símbolo como categoría de encuentro, de convergencia. Por ello no es extraño afirmar y descubrir que allí donde hay encuentro interpersonal, allí es necesaria la mediación simbólica

El sentido del encuentro han sido muy señalados tanto por Martín Buber como por Laín Entralgo que en su obra Teoría y realidad del otro nos traza con mano maestra la antropología del encuentro con los demás y también con la Transcendencia. A ellos nos remitimos.

Pero sí queremos señalar que el encuentro no se reduce a un mero intercambio subjetivo del yo con el tú; es un fenómeno de comunión y participación, que crea un ámbito superior a la suma del yo y del tú. Quienes se encuentran, pueden hablar del nosotros. Estos son los encuentros humanos. Cuando el "tú" del encuentro es el "misterio santo", cuando acontece la experiencia religiosa, también esta requiere mediaciones simbólicas de encuentros. Algunas religiones los llaman "misterios". En el cristianismo los llamamos también sacramentos.

El encuentro religioso se expresa a través de múltiples mediaciones simbólicas. El hombre religioso descubre y produce conjuntos simbólicos: objetos, personas, ritos, que se convierten en símbolos del misterio. Dios nunca es alcanzable directamente por si mismo. La experiencia de Dios es siempre sacramental. Dios no es el objeto, sino que es aprehendido en el objeto, que tiene una función religante; pero el objeto sacramental expresa y comunica a Dios, presente en él

Eso si, existe el peligro de pasar del símbolo sagrado al objeto sagrado, de cosificar el símbolo de encuentro y convertirlo en un instrumento de poder o de magia. Cuando esto sucede ha perdido su transparencia El símbolo entonces deviene ídolo. Por eso dirá acertadamente Paul Ricoeur :"Es necesario que muera el ídolo para que el símbolo pueda vivir". La crítica permanente al ídolo es la condición necesaria para conquistar el símbolo, añadirá.

b) Los símbolos del encuentro con Dios en la Historia de la Salvación:

1. Los grandes símbolos religiosos de Israel. Es inmensamente amplio y hondo el universo simbólico por medio del cual Israel expresó sus creencias religiosas. Israel utilizó muchas imágenes literarias para describir su experiencia de Dios. Lo imaginó como roca, aliento-soplo, zarza, luz, tinieblas, rey, juez, arquitecto, pastor, viñador, alfarero, guerrero, liberador, padre, esposo, león, águila etc. Como podemos ver en el trasfondo de todos estos símbolos están los grandes arquetipos, que sustentan la raíz simbólica de Israel.

Los acontecimientos históricos (tiempos), mas que los espacios, fueron para Israel las mediaciones simbólicas privilegiadas de su encuentro con Dios Los grandes símbolos rituales de Israel son símbolos memoriales La historia humana, realizada bajo el plan salvifico de Dios y acogida o rechazada por el hombre ese era el Sacramento de Dios, Para Israel el pasado era sacramento del presente y ambos, sacramento del futuro prometido y esperado.

2. Los símbolos de fe del Nuevo Testamento:

En el Nuevo testamento toda la capacidad simbólica de la fe se concentra en Jesús. Toda ella trata de descubrir y expresar el misterio de su persona, de su praxis de su pasión.

Jesús es expresado como la expresión suprema de Dios en la tierra con las siguientes imágenes simbólicas: Hijo de Dios, palabra de Dios, sumo sacerdote, Mesías, hijo del hombre, siervo sufriente, camino, verdad, vida, pastor, sembrador, medico, cordero, vid, luz, fuente de agua viva, puerta, llave etc. .Esta sobreabundancia de imágenes y de símbolos, fundados en su gran parte en el arquetipo de camino, del hijo y del héroe, declaran que Jesús de Nazaret fue la gran manifestación, la definitiva Epifanía de Dios.

Por ello Jesús fue el gran símbolo de Dios, de forma histórica, dinámica y creativa. Jesús, símbolo del Padre, fue el maestro de los signos, el maestro de las parábolas y de los gestos significativos. Jesús de Nazaret, por su vida, muerte y resurrección, es llamado el sacramento por excelencia . El fue el símbolo viviente de Dios, porque Jesús era y es por excelencia el lugar de encuentro del hombre con Dios.

 

 

3. IMPLICACIONES PARA LA CRISIS ACTUAL: EL HOMBRE EN BÚSQUEDA DE SENTIDO.

Muy brevemente quiero dejar constancia de la importancia que tiene el tema que estamos desarrollando precisamente para la crisis actual. Más allá de las conquistas de la tecnología actual, el hombre y la mujer de hoy vive no solo el fragmentarismo, sino la dinámica de lo provisional, toca la estructura social y económica amenazada etc. Y el creyente también vive un cierto sinsentido, unos echando de menos tiempos de mayor seguridad y otros tiempos de mayor libertad y creatividad, como se anunciaron tras el soplo del Concilio Vaticano II..

Nuestro pensamiento y nuestros usos de vida evidencian una orientación utilitarista, hedonista y práctica .Constatamos también el precio que hemos pagado no sólo por la especulación del terreno, sino también por las deterioradas relaciones con el entorno, con la naturaleza y con la tierra.

El hombre de hoy sabe, sí, de su vida y existencia, pero sabe poco de su sentido. A lo mejor es menos "animal interrogante", como dirían Laín y otros, que los de generaciones pasadas. Los logros indiscutibles de las ciencias humanas, los avances de la medicina y la informática han logrado hacernos una vida más cómoda y más fácil, pero no más humana. Los que estamos metidos en el mundo de la relación de ayuda, sea terapéutica o espiritual, lo sabemos bien (cuánta soledad, cuánta ruptura, cuántas crisis, cuánto despiste, cuánta búsqueda de sentido bajo aparentes éxitos...). Bastantes te llegan a decir que han perdido el Norte, o que no saben donde está el centro de su ser, y que la vida aparece absurda ante ellos, aunque sigan invirtiendo mucha energía en disimularlo.

E. Jünger escribe: "Lo transitorio se hace símbolo cuando ilumina el ser. Esa iluminación la llamamos nosotros sentido." Y dice Goethe: "El estremecimiento es la mejor parte de la humanidad. El hombre sobrecogido, siente profundamente lo prodigioso". Para crear estas actitudes hay que ir por la vida con los ojos abiertos, la mente lúcida y la actitud de dejarnos asombrar y sorprender como algo habitual.

En el mito y el símbolo se reconoce ese otro mundo, el de los poetas y soñadores, el de los artistas, los místicos y los filósofos, el de la masa de creyentes anónimos que viven la realidad como transcendente a si misma. Las cosas que vemos cada día pueden convertirse en referencia de lo invisible, en pistas para el misterio y hacerse en ellas transparente aquello que escapa a nuestros sentidos.

Rodin decía : "Existe sobre todo aquello que la mayoría no sabe ver: las profundidades desconocidas, los misterios de la vida". No sabe ver o, me pregunto yo, no puede ver porque la cultura actual se lo imposibilita cada vez más y lo tiene distraído con diversas liebres que perseguir, como diría Pascal... Es verdad que a menudo nos invaden a diario una verdadera inundación de imágenes atractivas, que muchas personas son incapaces de asimilar y que se convierten en signos consumistas. Estas imágenes ya no son portadoras de significados, como en tiempos pasados, sino que solo tienen una función utilitaria por cuanto que sirven a la información, al entretenimiento o al consumismo. En definitiva se trata de satisfacciones superficiales, imágenes del tener que no del ser.

Por ello es muy importante hoy el despertar el sentido simbólico porque nos aporta un instrumento insustituible para expresar nuestro universo personal y religioso. Los símbolos sirven para ayudarnos a comprender el misterio humano, porque aúnan nuestros deseos, nos despiertan una fuerza de atracción e iluminan y simplifican la visión del mundo.

Los símbolos nos ayudan a reflexionar sobre lo innombrable, que es más necesario precisamente en tiempos de crisis. Y nos permiten re-ligarnos con otras personas, creando comunidad de sentido. Son un potencial de vinculación con lo misterioso del mundo y de los demás. Por eso son algo que subyuga y estremece, porque aciertan a tocar lo más imponente, sobrecogedor, íntimo o visceral del hombre. Y por ello tienen una carga muy grande: la raíz del símbolo está en el estrato profundo de la persona, en donde todo está unificado.

Paradójicamente, en medio de esta búsqueda de sentido descubrimos hambre de espiritualidad. Como reacción a una etapa excesivamente funcionalista, tecnocrática y racionalista, se percibe otra en que las personas se abren lo no racional, lo inefable, lo emocional, el misterio, lo festivo, lo esotérico y lo transcendente. Podemos ver ejemplos de todo ello en la proliferación de sectas, en el interés por la meditación personal -confesional o no- en el redescubrimiento del canto gregoriano y de la vida contemplativa, en el auge del esoterismo o en la búsqueda de comunidades religiosas más lúdicas, festivas y celebrativas.

Mezclados con motivos espureos y mágicos, no hay duda de que también se da el ansia de dar con una visión transcendente que pueda dotar de sentido y esperanza a tanto absurdo como una mirada lógica observaría.

El hombre, como animal simbolizante, descubridor y creador de símbolos tiene este nuevo reto hoy: conectar su experiencia vital con expresiones que le ayuden a transcender el dato cotidiano

En este contexto también el cristiano, el creyente está especialmente invitado a colaborar en esta renovación. El teólogo Karl Rahner en una cita bien conocida afirmó: "el cristiano del próximo siglo o será un místico o no será cristiano". El reto es serio. Si no tenemos la suerte de llegar a místicos, vamos a esforzarnos seriamente para que -al menos- podamos ser aprendices de místicos. Reencontrarnos con el lenguaje simbólico, nuevo y fresco, sería una buena ayuda para ello.

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Las Palmas. Febrero 2002.