EL DEVENIR DE LA FAMILIA: vaciamientos y revaluación



Fernando Vidal Fernández
Profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social
Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

"Para describir nuestra infancia en las tierras bajas de Carolina del Sur tendría que llevarte a las marismas en día de primavera, levantar a la garza azul de sus silenciosas tareas, espantar a las gallinetas de la marisma hundiéndonos en el fango hasta las rodillas, abrir una ostra con la navaja y dártela a comer en su propia concha, y decir: 'Toma. Este sabor. Éste es el sabor de mi infancia.'. Te diría 'respira hondo', y tú respirarías y recordarías ese aroma durante el resto de tu vida: el penetrante y fecundo aroma de la marisma, exquisito y sensual; el aroma del cálido Sur; un aroma como de leche recién ordeñada, semen y vino derramado, todo ello perfumado con agua de mar. Mi alma pasta como un cordero en la belleza de las mareas crecientes. (.)También mis padres tenían su historia, una historia que yo recordaba con ternura y dolor al mismo tiempo, una historia que me hacía perdonar sus pecados contra sus propios hijos. En una familia no puede haber crímenes a los que no alcance el perdón." Pat Conroy, 1986: "El príncipe de las mareas".

Introducción

  1. Entrar en el debate sobre la institución familiar en el siglo XXI nos sitúa ante un árbol de dilemas que, como primera medida, nos recomienda modificar las mismas condiciones de ese debate público haciéndolo menos doctrinario, ampliando el sujeto deliberante e implicando a diversas investigaciones filosóficas, éticas, psicológicas y antropológicas. Es importante deliberar no desde lo doctrinario sino liberar lo familiar de adscripciones permanentes y de dogmatismos: lo familiar no es monopolio de nadie sino que es social y vivencialmente tan primordial para cada cual y la comunidad política que toda ideología mayoritaria debería cuidar una política específica para su defensa y promoción. En este escrito pretendemos colaborar a dicha deliberación desde una perspectiva sociológica.

  2. Existe pleno acuerdo en que, a partir de lo que históricamente conocemos, la familia es la agrupación humana primordial por antonomasia y la más elemental de todas. Es la piedra angular de la estructura social y cultural; el lugar donde se construye la cultura: se afianzan las creencias y los valores cognitiva, normativa y emocionalmente en un solo proceso que trenza las tres legitimaciones y las arraiga en la propia definición de la identidad del sujeto en formación. Es la primera y mayor agencia de socialización por la profundidad y duración de su troquelado, por la inmediatez y facilidad del proceso, por la participación y corporatividad del sujeto en la comunidad parental (1). Desde la familia el niño construye la realidad social y la organiza emocionalmente. Realmente, como señalaron los primeros sociólogos decimonónicos, la familia es la piedra clave de la creación social, el filtro de la socialización más definitiva. En tanto institución central en los procesos de integración social, la familia efectúa no sólo la socialización primaria de los hijos sino que también establece marcos en los que se configuran los sistemas de interacción y de construcción de identidad de los adultos. La familia es un lugar privilegiado para que el aprendizaje sentimental y narrativo; aunque, por ser privilegiado no plantea exclusividad alguna: nuestra identidad se construye y negocia en ámbitos distintos. Por eso es justo considerarla 'matriz' de desarrollo e integración social (2). La familia genera y transmite la forma básica de valor moral: las maneras de vinculación social, que es lo que sostiene lo comunitario y los imaginarios (el sistema de representación de la cultura, que sabemos que está compuesta de creencias, valores y sentimientos).

  3. Es fundamental preguntarnos por la familia y lo familiar si queremos comprender el devenir de los individuos, los grupos y las comunidades. Para eso vamos primero a explorar la cultura de lo familiar; a continuación visitaremos los distintos planos de la familia; y, finalmente, haremos una reflexión última sobre la necesidad de las funciones familiares.

    I. CULTURA DE LO FAMILIAR.

  4. La cultura se constituye en virtud de una infraestructura, de un sentido y de una comunidad. La infraestructura se relaciona con el modo de producción (cómo se determina y de quién es la propiedad de los medios de producción), el modo de desarrollo (cuál es la fuente crucial de la productividad, cuestión dependiente de la tecnología) y la cultura laboral (tanto organización de las organizaciones económicas como moral del trabajo).

    Infraestructura económica: una familia con menos soporte económico

  5. La nueva organización neoliberal del trabajo induce una familia cortada por varias discontinuidades relacionadas con la incompatibilidad horaria por la multiplicación de turnos (con consecuencias para la falta de presencia de los miembros para la convivencia familiar) como relacionada con la discontinuidad de tiempos laborales y tiempos de desempleo (que, por encontrar también oportunidades, permite temporadas de mayor disponibilidad para atender a la familia y genera intercambios temporales en los papeles de trabajo doméstico). Pero éstas son cuestiones secundarias aunque estén en primera línea de las consecuencias prácticas para la vida diaria de las familias. La cuestión central es que la familia no será un factor importante para las organizaciones económicas que prescindirán de sus políticas de familia y de la promoción abstracta de un tipo de familia o de la misma existencia de familia. La familia, institución flexible y versátil donde las haya, es muy dependiente del resto de factores sociales, culturales, políticos y económicos. Pero especialmente ha dependido, hasta el momento, de lo económico. En el modo de desarrollo industrial, con empresas de solera, negocios familiares y empleos fijos, se buscaba la estabilidad de los recursos (materiales, humanos y financieros) y del orden social, lo que influía en un modo familiar estable centrado alrededor del trabajador, normalmente el padre de familia. Sin embargo, la transición del modo de desarrollo industrial al modo de desarrollo informacional, ha introducido importantes cambios que afectan agudamente a la familia. La inestabilidad, la flexibilidad y lo fluido han sustituido a los códigos estables de la cultura económica y laboral: las empresas son fácilmente liquidadas, desmontadas y fragmentadas en redes; los empleos se convierten en proyectos temporales; los contratos por cuenta ajena se transforman en contratos con autónomos; los negocios de la nueva economía no necesitan estabilidad del entorno social ni parece necesitar la estabilidad de sus profesionales por lo que la familia es un factor innecesario para el orden comunitario, irrelevante para el perfil de los profesionales e inconveniente para las políticas salariales y de servicios de las empresas.

  6. La mayor parte de los trabajos se redefinen, gracias a las nuevas tecnologías y a la nueva organización de la empresa, para ser desempeñados por personas que realizan tareas rutinarias, sin autonomía ni creatividad, con baja responsabilidad y en las que no importa la cualificación que se tenga: es lo que ha sido llamado la "mcdonalización" del trabajo o, como dice Coupland, los "mcjobs". Esto es lo que se ha llamado "secundarización del mercado laboal". Pues bien, la progresiva carencia de carreras profesionales por la secundarización del mercado de trabajo conlleva la ausencia de modelos éticos de trabajo, lo que tendrá como resultado una menor capacidad para transmitir intergeneracionalmente una moral laboral y la obsolescencia del concepto de vocación como formador de la identidad. Richard Sennet en su libro "La corrosión del carácter" analiza entre las historias de vida también perfiles de mercado primario (cualificados en puestos creativos o directivos) que confiesan "a menudo estar al borde de la pérdida de control de sus vidas" (3). Les preocupa no dedicarse lo suficiente a sus hijos (4) y tiene miedo de no poder educarlos adecuadamente (5).

  7. Además, también nos encontramos un necesario socavamiento del patriarcalismo por la tendencia al mayor empleo femenino a la vez que se produce una sobreexplotación de la mujer, lo que redunda en mayores tensiones hacia la vida familiar y una nueva distribución del estrés social, antes asociado principalmente al varón.

    Sentido: una familia reflexiva, arriesgada, funcionalmente soluble y revalorada

    (Familia reflexiva)

  8. La familia de destino pasará de ser una condición necesaria muy sancionada a una elección optativa de estilo de vida. La sociedad futura, si consolida la tendencia actual, considera que la familia de destino es cada vez más una opción de estilo de vida y una cuestión, por tanto, de la vida privada de cada cual. Hay una transición de las identidades de inserción a las identidades de elección. En las primeras la identidad era una consecuencia de la adhesión insertiva en una institución o comunidad cultural, era un subproducto de la inserción. Actualmente, la identidad personal, pero también la identidad o cultura corporativa, es el resultado provisional y crítico de una cadena de elecciones que constituyen al individuo como proyecto, como sujeto expresado en la acción. Anthony Giddens nos indica en su obra "Modernidad e identidad del yo" (Península, Barcelona, 1991) que cuanto más pierden su dominio las tradiciones y la vida diaria se reconstituye en virtud de la interacción dialéctica entre lo local y lo global, más se ven forzados los individuos a negociar su elección de tipo de vida entre una diversidad de opciones. En efecto, "en el contexto del orden postradicional el yo se convierte en un proyecto reflexivo. (.) La planificación de la vida organizada de forma reflexiva se convierte en el rasgo central de la estructuración de la identidad propia". (Giddens, 1991, cap.1).La reflexividad, que puede llevara la anomía y la desestructuración de las personalidades, así como a la indiferencia ante lo comunitario, abre oportunidades al prevalecer la elección y la constructividad de los sujetos. La misma familia se torna un proyecto reflexivo en el que cada vez menos las tradiciones tienen un papel determinante y en la que los individuos juegan un papel de doble reflexividad al negociar su posición progresivamente conforme avanzan en edad (pero cada vez más temprano). Ya no nos encontramos familias de linaje sino individuos familiarizados y a la vez se extiende una mentalidad en la que la familia se privatiza radicalmente en el sentido de reconocer menor legitimidad a los poderes públicos para intervenir en el fenómeno familiar. La familia se cierra sobre sí misma en una especie de contraincesto cultural: así como los clanes tribales protohumanos lograron empujar la evolución social gracias a la exogamia, casando a cónyuges de diferentes clanes, pareciera que en este momento la familia viviera una acentuada endogamia cultural por la privatización familista.

  9. La pluralización entendemos que puede jugar a favor de esa deliberación pública sobre la familia. Las diferencias entre sujetos, entre cada individuo y entre formas y culturas familiares, no son un efecto secundario del devenir de nuestra civilización sino un factor creativo de primera magnitud que pone en escena las políticas de identidad (la pregunta por el ser, el sentido histórico y la esperanza del futuro ya que la identidad es la narración alterada del yo) y una demanda de una nueva arquitectura comunitaria que tenga como principio no la tecnocracia y la tolerancia sino la participación y la convivencia, es decir, un regreso del sujeto y de la diferencia.

    (Modelo boeing de construcción pública de lo familiar)

  10. Todo crecimiento del nivel de prosperidad se logra gracias a la asunción de una mayor dependencia de cada vez menos factores que afectan más globalmente a un sistema progresivamente independiente. Por un lado, la progresiva complicación de las fuentes energéticas ha permitido mayores logros históricos a cambio de asumir mayores grados de riesgo como los procedimientos de manipulación nuclear, etc. Por otro lado, la progresiva complicación de las comunidades políticas liberal-parlamentarias ha hecho estar pendientes cada vez más del hilo de la conciencia cívica de cada votante. La sociedad humana se está convirtiendo imaginariamente en un satélite de la misma Tierra; un satélite vinculado al planeta por dos cables: la energía y la conciencia. Esas soluciones cada vez más dependientes nos convierten en una civilización cada vez más potente pero también vulnerable: el gigante con pies de barro. Al principio, la complejidad era una respuesta a los desafíos de la naturaleza. Ahora son nuestros propios errores y los nuevos retos desencadenados por nuestra acción los que nos instan a tener que hacer más elevado el grado de complejidad. Cualquiera de las intervenciones en el sistema afectan de modo cada vez más crucial e incierto porque tenemos umbrales de garantía cada vez menores. Menores no en el sentido que estemos más asaltados por peligros sino porque cuando existe un desastre es cada vez más terminal. El fenómeno atómico es el paradigma de la nueva sociedad política: centrales cada vez más seguras ante peligros cada vez más letales. Es lo que llamamos modelo Boeing de cambio social: volar es muy seguro probabilísticamente, tan seguro como la probabilidad de morir si es que hay un accidente aéreo. En la forma inversa también se aplica: parece muy blindado el orden social y la probabilidad de que permanezca es muy aguda, tan aguda como la vulnerabilidad del mismo sistema en caso de que exista una posibilidad de cambio.

  11. Vamos hacia una sociedad, en palabras de Anthony Giddens, "apocalíptica"; René Thom lo anticipó muy lúcidamente en su obra de 1972, "Estabilidad estructural y morfogénesis" bajo el lema "sociedad de catástrofes" (6); Ulrick Beck lo ha acuñado bajo la conocida fórmula "sociedad de riesgo". Los dilemas son cada vez más cruciales: más multiplicadores o más divisores. Se acabaron las decisiones con consecuencias de baja intensidad y además no hay más remedio que asumir riesgos. En el futuro nos encontraremos que las decisiones que tomemos habrán sido causa de efectos muy prósperos o habrán dado al tacho con lo que se pusiera en juego. Estamos ante un juego de "todo o nada". La estructura fenoménica del futuro es cada vez más parecida a la de los milagros mesiánicos. Esto afecta también a la familia. Se avecinan dilemas que afectan profundamente a la forma culturalmente normalizada (dominante en el imaginario social) de familia y sobre los que habrá que decidir a sabiendas que estamos en una bifurcación crucial con consecuencias impredecibles. Este marco de análisis no es una llamada al conservadurismo, que creo muy impracticable sino que la consecuencia práctica que emerge es la de la necesidad de un aparato complejo, amplio y profundo, de deliberación.

    (Desagrupación familiar y reagrupamiento consumista)

  12. La construcción consumista del imaginario social hace soluble a la familia. La familia tradicional se está disolviendo. Su ámbito se reduce, cada vez está más nuclearizada. Su estructura se altera, las relaciones de alianza, filiación y consanguinidad se modifican. La familia, dicen incluso algunos predictores, está cada vez menos conectada con el orden social y ya no es la célula fundamental porque al individualismo del capitalismo de producción y acumulación (y la familia es, entre otras cosas, un dispositivo productor de individuos) se opone el grupalismo del capitalismo de consumo: al individuo como sujeto de la producción sucede el grupo como objeto de consumo. Como dijo Jesús Ibáñez, la publicidad no nos habla de los productos sino que nos muestran el grupo de consumidores donde debemos disolvernos a través de la comunión del objeto-fetiche; es decir, al comprar un producto de marca no es el objeto el marcado sino que nosotros somos marcados como miembros del grupo de consumidores. Porque en el modo capitalista laboral el individuo era el sujeto de producción, pero en el modo capitalista consumista el grupo es el objeto de producción: el producto es el mismo grupo, no el objeto. La desestructuración de las relaciones familiares por el capitalismo de consumo es coherente y funcional con el desarrollo de ese sistema porque si no es necesario que haya individuos entonces no es necesaria la familia o incluso puede ser un obstáculo al resistir con identidades grupales alternativas.

    Comunidad: revaloración de lo familiar tras el proceso de normalización de la pluralidad de formas.

  13. La familia siempre ha sido centro neurálgico de las transformaciones sociales. Por tanto las formulaciones familiares han sido una constante ineludible para cualquier proyecto de transformación o conservación del sistema social. Una nueva familia es instrumento o producto imprescindible de toda reorganización o retroorganización. En el terreno de la práctica política la situación ha sido semejante. Todo cambio político ha venido acompañado de transformaciones en las políticas de familia en su vertiente legislativa y ejecutiva, por su aplicación permanente y universal en la vida ordinaria de las poblaciones; por su fuerte potencia simbólica para marcar rupturas, retornos o continuidades que simulen modificaciones más radicales en otros campos; y también debido a su centralidad estratégica cara al cambio social ligado a la intervención en las mentalidades de las siguientes generaciones para reproducir o innovar la sociedad de acogida.

  14. El peso de las ideologías que han visto la familia como subproducto (del orden productivo, del orden biológico o del orden divino), no como una realidad primaria independiente ha llevado a que la historia de las ideas sobre la familia tenga un penoso recorrido dependiente de otros debates que no han acabado de concebir íntegramente a la familia. Para muchos la familia era el bastión del conservadurismo y garantía de orden social. Para otros, la familia, sospechosa de reacción, continúa teniendo que demostrar que no es traidora a la revolución: todavía está vigente un imaginario revolucionario contra la familia. La revaloración por la cual la familia aparece como una fuente independiente de tradición, un origen sustancial de valores y creencias de carácter solidario y comunitarista, se encuentra con la obsoleta discusión bipolar que intenta de modo reductivista aniquilar la familia o consagrarla como fórmula obligatoria. Contra eso, crece aquella valoración de lo familiar desde la experiencia cotidiana de muchos ciudadanos que entienden que una película es familiar, que un portal de Internet, un centro de ocio o un programa de televisión, también lo es. Es previsible que lo familiar como imaginario de valores y creencias progresivamente perciba más confianzas de la gente conforme las comunidades e ideologías tradicionales prosigan su decadencia. Además, hay una mayoría del Tercer Sector o la autoorganización civil que incorpora lo familiar o lo vecinal como protagonistas de los procesos de deliberación y transformación social. Se avanza hacia una nueva arquitectura política condicionada por la aplicación de principios de democracia radical en los que la familia tiene un papel fundamental.

  15. Somos conscientes de que los programas sobre familia han sido abordados en las últimas legislaturas con insuficiencia, indecisión y debilidad. Un capital tan importante como la familia y las nuevas generaciones requiere una política de mayor peso y seguridad. Se inscriben dentro de un cambio ideológico sobre la familia. Las ideologías que definían en los años sesenta la familia como un sótano de auritarismo y alienación han cesado y se han encontrado en un "centro" intermedio con aquéllas corrientes conservadoras que antes ponían la familia como una institución inmutable en el centro de la vida social. El reto de mayor esfuerzo es el deberá vivir la cultura de izquierdas que todavía ahora reencuentra remisamente en la familia uno de los apoyos comunitarios más firmes. Desde dichas posiciones sobre todo se entra en una nueva cultura familista desde la defensa de las condiciones de vida de la población femenina. En los dos grandes campos ideológicos occidentales, se coincide en un diagnóstico social de progresiva anomía frente a la cual la familia es uno de los principales recursos. Las políticas de familia deben madurar más. Llama la atención la incertidumbre sobre el modelo demográfico que los países occidentales quieren para sí mismos y la política despótica que se aplica sobre la demografía de los países empobrecidos.

  16. El Estado de Bienestar debe crecer por esa línea de derecho de familia no sólo desde la clave de protección sino desde la promoción. Los ciudadanos españoles atribuyen a los gobiernos una gran responsabilidad en materia demográfica y familiar, pero, en cambio, no hay acuerdo sino confusión en cuáles son las medidas oportunas. Actualmente hay una progresiva conciencia de la importancia de la política de familia pero incertidumbre acerca de sus contenidos y simplemente se hacen campañas cosméticas para satisfacer a las propias bolsas de votantes. Aquellos aspectos que recogen más apoyo son los que reclaman una red universal de escuelas infantiles financiadas principalmente con fondos públicos. Hay otras demandas tales como las subvenciones directas a la fecundidad, el acceso a la vivienda, flexibilización de horarios, que la excedencia se convierta en derecho y no en mera posibilidad, etc. Las líneas políticas desarrolladas por el laborismo británico o por el socialismo francés (que ha instituido un Ministerio de la Familia), han marcado un antes y un después para la izquierda europea en materia de familia. La política explícita para la familia como sujeto político no es una vuelta a la sociedad de corporaciones. No, los ciudadanos son inalienables como sujeto político, pero se debe abrir también un reconocimiento a la familia como sujeto colectivo fundamental para la ejecución de políticas de bienestar y sentido.

    II. ANATOMÍA O ESTRUCTURAS DE LA FAMILIA.

  17. Sprott diferencia tres planos dentro de la familia que nos servirán para realizar nuestro particular chequeo a las distintas formas de familia y las principales líneas de modificación del modelo nuclear que dominó durante varias décadas y que todavía sigue siendo el mayoritario. Podemos analizar haciendo varias preguntas a la familia (tres preguntas principales con algunos interrogantes de segundo grado en dos de ellas): ¿Quiénes y cómo son nuestros parientes? ¿Cómo se decide y quién hace qué según el género? ¿Cómo se relacionan las personas de diferente edad?

    A. Parentesco

    A.1. Comunalidad parental: ¿Quiénes serán nuestros parientes?

  18. La primera estructura, la parental comienza por una primera pregunta: ¿quiénes serán nuestros parientes en el futuro? Se avanza hacia un parentesco reticular en el que la comunicación existe pero se activa cíclicamente según el curso de vida (nacimientos, matrimonios, muertes) o coyunturalmente según las necesidades sociales (migraciones, crisis económicas, exilios, estudios fuera de la ciudad de residencia familiar, etc.). Es un parentesco en el que los miembros se constituyen por consanguineidad, desde luego; los lazos de sangre continúan teniendo vigencia, es decir, que cualquiera que tiene un lazo de sangre contigo de segundo o más grados está legitimado para acudir a ti con intenciones de establecer comunicación. Pero nada más: ya no existe ni existirá probablemente de nuevo un código moral que establezca vínculos de deberes y derechos sobre los parientes. Porque el parentesco dependerá de la construcción singular e histórica de la sociabilidad, de las pandillas infantiles y juveniles. Como mucho, persistirá un antiguo deber de auxilia y consilia, de ayuda urgente y consejo o escucha hacia aquellos parientes que no estén incluidos en esas pandillas primarias. Esto indica una fuerte distinción entre red parental y comunidad familiar: lo parental se legitima cada vez más en lo comunitario: es familiar aquel con el que se han establecido lazos afectivos o de historia común, pero nadie echará en cara de nadie que no atienda a parientes con los que no se ha tenido apenas trato. Esto es muy interesante, porque lo que cambia es una de los criterios de la organización emocional de la realidad o lo que Levi lama el nosismo y Lipovetsky denomina socionarcisismo en su realización histórica actual: en definitiva, cómo se construye lo que las familias entienden por "los nuestros" o los indidivuos enuncian como "los míos", aquellos por los cuales se está dispuesto incluso a sacrificar la propia vida.

  19. Hay otro aspecto muy interesante de los cambios en la concepción del parentesco y es que la sociología ha caracterizado como función principal de lo parental la ubicación histórica del individuo en una comunidad de memoria y de esperanza que era el clan, cuestión bien interesante porque en una sociedad en la que las comunidades tradicionales (iglesias, patrias, partidos) están en declive, ¿en qué continuidad o flujo histórico va a encardinarse el sujeto? Y si es alguna otra formación social, ¿qué vínculos van a establecerse, diferentes de la consaguineidad o la herencia genética o el compromiso biovital entre generaciones? ¿Qué capacidad vinculante tendrán? ¿Avanzamos hacia un modelo deudor del pragmatismo de Richard Rorty que pudiera decir: ya no hay familia sino relaciones familiares? ¿La reflexividad de la familia se desprende de la dimensión intergeneracional? ¿Qué concepción existirá de la solidaridad (dependencia o corresponsabilidad) con las generaciones pasadas (la solidaridad con la memoria) y con las futuras?

  20. También es un fenómeno interesante la reducción del número de hijos que va a conllevar a que existan muchas personas sin hermanos y que, consecuentemente, que no hayan conocido experiencialmente la fraternidad, lo cual es una modificación en la infraestructura de la formación sentimental del sentido moral.

    A.2. Grupo doméstico. ¿quién vive con nosotros?

  21. Se está produciendo aceleradamente una formación de nuevos hogares polinucleares recombinados compuestos por fragmentos de familias separadas y divorciadas, lo que lleva a la aparición de una nueva versión de la madrastría, así como de los padrastros y hermanastros. Una situación no desconocida por nuestra sociedad aunque ya ha hecho olvido de la misma. Roussel recuerda la frecuencia con la que se daban hogares polinucleares recombinados por causa de la alta mortalidad de las mujeres en los partos, hace apenas siglo y medio.

    A.3. Legitimidad conyugal. ¿Quién puede ser mi cónyuge?

  22. Permanece vigente el tabú sindiásmico del incesto según el cual no pueden ser cónyuges aquellos afectados por una línea consanguínea o política de ascendencia, descendencia o cosanguineidad: ni padres ni madres (ni padrastros ni hermanastros) ni hermanos (uterinos o adoptados, hermanos o hermanastros). Además gana fuerza el tabú romántico: los cónyuges deben enlazarse enamorados, no por conveniencia. Finalmente, hay un tercer tabú que paulatinamente se debilita: el tabú heterosexual que impide que los cónyuges sean del mismo sexo. La crónica es la de una sociedad que acepta la legitimidad de la identidad y relaciones homosexuales; que estima justo que exista una institucionalización pública de las parejas homosexuales, a las que se les ofrece la posibilidad de un matrimonio convivencial; que no pone obstáculos a personas que adoptan niños que van a convivir en un hogar con una pareja homosexual; o que asume la realidad de parejas con hijos que se recombinan con una pareja homosexual. Realmente la situación está pendiente de la aceptación del fin de la prohibición de la conyugalidad homosexual, conyugalidad que lleva asociado el derecho de sopaternidad. Este sería, ya está siendo en muchos lugares, el cambio más radical de la morfología familiar y crea mucha incertidumbre y una oposición no muy beligerante en la discusión pública que augura un éxito que es cuestión de tiempo.

    A.4. Institucionalización matrimonial. ¿Cómo puedo casarme y descasarme?

  23. Lo más relevante es el paso del matrimonio de fusión al matrimonio asociativo por el que se constata una devolución de los procesos de institucionalización matrimonial a la comunidad primaria y la creación de derechos matrimoniales de baja intensidad que provocan que los matrimonios sociales (o parejas de hecho o matrimonios convivenciales) tengan que realizar un acto legal ante un notario para que realmente no exista como acto susceptible de generar una figura jurídica. El hecho consumado es la transición del matrimonio como institución administrativa a que se acogen los individuos a una institución privada en la que los poderes públicos intervienen para garantizar derechos y cumplimiento de deberes. Las consecuencias se reducen fundamentalmente a consecuencias de desamparo legal y al cambio en los compromisos institucionales de los individuos frente a la comunidad primaria que fundan, con cierta tendencia a la anomía. Por lo demás, las consecuencias psicológicas en los matrimonios sociales frente a los matrimonios legales, son idénticas.

    B. Relaciones de género. ¿Quién hace qué y quién manda qué?

  24. En este campo es conocido el debilitamiento de un modelo de familia basado en el ejercicio estable de la autoridad dominadora sobre toda la familia del hombre adulto cabeza de familia y, estructuralmente, del eje masculino sobre lo femenino en cada generación fraternal. El patriarcado, la institución más antigua de la historia, se debilita y anuncia su final para instaurar no un matriarcado sino una convivencia democrática en la sociedad. No obstante, también es cierto que el ascenso de las familias monoparentales resta poder y protagonismo a los varones que han sido padres; es decir, podríamos estar en una proporción de nuevas familias, ante una situación familiar en la que se prescinde del varón, un verdadero matriarcado familiar aunque en lo social se mantenga la simetría de géneros.

  25. En España vamos hacia una lenta redefinición de los roles conyugales, con una distribución más igualitaria de las tareas. Hoy en día conviven dos modelo en España: uno simétrico (familia de doble carrera simétrica) y otro semitradicional (semibinómica). Influyen como variables la edad, la educación y la autoubicación ideológica. El reparto de tareas no se entiende como igualitario necesariamente. Sólo un tercio creen que el varón debía compartir las tareas en igual medida. Esta diferencia no sólo se encuentra entre los colectivos más conservadores sino en colectivos emergentes como jóvenes y los más educados, tanto entre varones como mujeres. Lo que parece evidente es que se está dando una democratización creciente de la vida doméstica al menos en el plano de las actitudes. Hay dos variables que son muy discriminatorias para caracterizar las actitudes: el estado civil y la tenencia de hijos. La familia simétrica es ideal para dos tercios de solteros y para un tercio de los casados; ideal para el 82% de los que no tienen hijos y 37% de quienes sí. Una vez que se han constituido las familias y han de negociare los papeles no está culturalmente claro quién resuelve qué. Los hogares en que hay simetría son minoritarios, en tres cuartos de ellos la mujer es la que soluciona el papel doméstico. E sdecir, que nos hallamos ante la necesidad de una resocialización de la división del trabajo doméstico y la democratización del hogar.

  26. Finalmente, el dilema más grave es el de los contenidos de lo masculino y lo femenino. ¿Se va a una disolución de las diferencias clásicas? ¿Existe un vaciamiento o una transformación de ambos polos? En todo caso, la crisis de lo masculino, basado casi totalmente en el patriarcalismo no ha hecho más que comenzar por la pérdida de funciones monopólicas que tenía y por la adquisición de otras funciones paternas de cuidado y educación de los hijos que antes no desempeñaba.

    C. Relaciones intergeneracionales

  27. Los hijos siguen considerándose un factor importante de felicidad conyugal, un factor del éxito conyugal, a un nivel similar que tener una relación sexual satisfactoria. Cada vez tienen más importancia expresiva. Con el alza del valor emocional de los hijos se produce en primer lugar un afianzamiento del valor de la filiación: así como lo masculino, la paternidad, lo conyugal o lo fraternal están en una situación crítica, la filiación asciende como un valor seguro, algo en lo que la gente reconoce algo extremadamente importante y vigente. Las parejas y muchas personas solteras desean tener hijos, lo deseable para la mayoría de las familias serían tres hijos aunque es tal la sobreexplotación de las mujeres que las nuevas leyes de conciliación familiar que ha impulsado la Unión Europea quedan cortas y no logran compensar. Está por establecerse como creencia compartida, que los hijos no son simplemente opciones personales sino que constituyen un bien público que la comunidad política debería cuidar protegiendo el derecho de las familias a tener hijos y cuidarlos adecuadamente. Si gana espacio el reconocimiento de los hijos como bien público y derecho familiar, el futuro nos depara una ampliación de las bajas por paternidad y maternidad, y una reforma profunda de las políticas públicas de natalidad y familia.

  28. Sobre la paternidad, ya hemos señalado la incertidumbre en la que el varón está inmerso aunque circulando en un doble plano: frente a la filiación en la vida práctica de lo cotidiano, no siente incertidumbre mientras que en el debate público sí reina la confusión. Es decir, si a algún padre le preguntamos en qué consiste esencialmente la paternidad, no nos sabrá responder pero sí sabrá dar cuenta precisa de cómo es su relación con sus hijos. Posiblemente haga falta una generación nueva de padres que consoliden un nuevo modo de cuidar y cuidarse, para que se descubra la nueva función paterna que según los freudianos es separar y según los lacanianos es limitar. A esta crisis de los papeles paternos se suma un nuevo fenómeno: la biparentalidad homosexual, asunto que desligaría lo paterno y materno de lo masculino y femenino haciendo trizas los planteamientos esencialistas de lo familiar.

  29. Otro asunto clave en esta estructura de las relaciones intergeneracionales es la educación. Existe confusión sobre el modelo pedagógico de los padres frente a los hijos por diversos factores: existe un agudo escrúpulo frente al uso de la autoridad y también un rechazo histérico al conflicto con los hijos, lo que lleva a modelos pedagógicos permisivos o, por el contrario, sobreprotectores. El primero son hogares en los que se evita el control, se usan pocos castigos, se realizan pocas demandas al niño y se le permite regular sus propias actividades, aceptando positivamente los impulsos del niño. El resultado suelen ser niños con escasa competencia social, bajo control de impulsos y agresividad, escasa motivación y capacidad de esfuerzo, inmadurez y también son alegres y vitales. El modelo sobreprotector parte de una sobrecarga emocional del hogar por ese vuelco expresivo sobre los hijos y la concentración de las demandas y neurosis sobre un hijo en solitario que no tiene hermanos con los que repartir y compartir la carga. Al ser un solo hijo parece que hubiera un ansia por determinar que el niño o niña "salga bien", no existe margen para permitir la "oveja negra", lo cual se convierte en una presión constante para elevar la competencia del hijo mediante cursos, relaciones, experiencias, etc. En ambos modelos nos encontramos con familias en las que la culpabilidad por el fracaso o el conflicto (que es entendido como fracaso también) rige cada vez más los destinos de unas personas progresivamente desentrenados para perdonar y reconciliarse. Sin duda, esto tiene mucho que ver en el incremento del maltrato infantil y femenino en nuestras sociedades que, lejos de ser un remanente del pasado, es un síntoma del devenir sociocultural sobre lo familiar.

  30. No es secundario lo que pedagógicamente hacen las familias en virtud de un hipotético vaciamiento de las funciones socializadoras a favor de la escuela. No, las familias, por el contrario, son cada vez más centrales. En teorías como la de Talcott Parsons, regía la idea de un vaciamiento de funciones sociales de la familia, entre las cuales la primera o segunda en citarse era la delegación o sustracción de la función educativa a la familia a favor de la escuela. Hoy en día tenemos claro que la familia tiene la primacía educativa y que la escuela es un instrumento, lo cual devuelve la responsabilidad educativa a las familias.

  31. Un capítulo destacado lo constituyen las personas mayores de la familia. Simplemente queremos indicar la consolidación de la cuarta edad, más allá de una "tercera edad" que supone un tercio de la vida. Los abuelos ya no son personas al final de su vida, sino que son gente que ha pasado el segundo tercio de su vida y están en unas condiciones suficientes para desempeñar muchas labores en la familia y en la comunidad. Un primer asunto es la deslaboralización de la vida de los jubilados que abre todo un tiempo para dedicar a muchos asuntos que hasta ahora no habían tenido tiempo. No es extraño escuchar a muchas personas que se sorprenden de que su padre (ahora abuelo) se comporte con los nietos con una ternura y una habilidad cuidadora que nunca había manifestado antes con sus propios hijos. En efecto, estamos ante una edad dorada de los abuelos. Frente a los augurios del fin de la abuelidad por el aislamiento de la familia nuclear, ha irrumpido una nueva abuelidad que redefine lo parental y hace posible la vida cotidiana de cientos de miles de familias con niños pequeños.

    III. EL SIMPLE DESCONCIERTO POR LAS FORMAS Y EL COMPLEJO PROBLEMA DE LAS FUNCIONES

  32. ¿Cuál es el futuro de la familia? Parece que vamos a un cuadro con una figura central homogénea que ocupa un tercio del lienzo y después un espacio restante agrupado en pequeñas fórmulas familiares a las que se acoge la gente. Sea lo que sea, la pregunta de fondo no es por la forma de la familia sino por la necesariedad de las mismas funciones de la familia. Primero es necesario definir familia, después de haber visto todo lo anterior. Generalmente una exposición comienza retóricamente por la conceptualización del objeto de estudio, pero es interesante visitar la noción de familia al final de una reflexión como la que hemos hecho, guarda unos curiosos efectos para extraer conclusiones.

  33. Lo familiar es un tipo de relación de parentesco que decanta en diferentes organizaciones e instituciones sistémicamente dependientes pero estructuralmente puede que fraccionadas. La estructura de lo familiar es fractal, es decir se decanta en varias escalas de diferente fracción con relaciones de dependencia sistémica. Podemos ver lo familiar desde lo individual aunque no es una visión omnicomprensiva de todo lo familiar porque existen sujetos sociales organizativos y relaciones, conscientes o desconocidas, de carácter familiar. Podemos verlo desde lo doméstico, como generalmente se enfoca, lo cual permite disponer de una perspectiva útil pero engañosa cuando se trata de generalizar como la más comprensiva.

  34. Además del fenómeno que hemos denominado "lo familiar" (que, por ejemplo, incluiría los valores familiares), la familia en sentido laxo puede llamarse familia parental o reticular o red familiar; el segundo uso podemos denominarlo familia comunitaria o comunidad familiar; el tercer uso, restringido, suele denominarse familia nuclear o núcleo familiar.

    1. Así pues, para reconocer una red familiar es necesario que exista algún tipo de vínculo parental establecido consanguínea o aliadamente (vinculos parentales políticos) con bien una persona o bien un núcleo familiar.

    2. Los límites de la familia comunitaria no están tan claros biológica o legalmente sino que están ligados a compromisos de geometría variable y siempre incluidos dentro del marco de pertenencia parental, pero conservan un criterio común: es una característica propia de algunas relaciones sociales. El carácter interactual es el filtro crítico para formar parte de la institución en la modalidad que tratamos. Los criterios de primariedad, permanencia y dependencia multifactorial de las relaciones circunscriben los tipos de relaciones a personas con trato primario e intensamente dependiente con temporalidad casi vitalicia.

    3. Finalmente el criterio crítico tampoco varía al considerar la unidad familiar mínima. Aunque la convivencia hogareña suele ser una característica típica no es un criterio ni suficiente ni estrictamente necesario aunque refuerce la institución que se forme. La familia nuclear implica a los progenitores socialmente reconocidos y a su descendencia inmediata. Las relaciones de dependencia que acompañan a ese ascendente pueden ser de doble dirección. Podemos considerar la típica relación de padres jóvenes con niños o también la de padres mayores dependiendo de un hijo con el que conviven.

  35. Fijemos la atención en que, además de no usar la convivencialidad, no hemos activado un criterio de primariedad ni dependencia multicausal, sino que pueden existir familias nucleares rotas con relaciones conflictivas o distantes. Sigue constituyendo una familia nuclear aunque no forme una comunidad familiar.

    1. En efecto, un sujeto no tiene por qué disponer en su vida de una comunidad familiar aunque posiblemente tenga una familia nuclear de referencia y, desde luego, mientras la reproducción no establezca discontinuidades mayores, una red parental aunque le sea desconocida.

    2. En efecto, no hay exclusividad de pertenencias. Creo que esta es una de las condiciones importantes para disponer de una matriz conceptual suficientemente explicativa y universal. Un individuo no necesariamente pertenece a una única familia nuclear sino que puede formar parte de dos diferentes, precisamente porque el criterio necesario y suficiente que hemos habilitado es el de la relación conyugal o de ascendencia inmediata.
    3. Consecuencia de no vivir en una sociedad de corporaciones sino una sociedad de individuos; consecuencia de no vivir en una sociedad "de familias" sino "con familias", es esa multipertenencia nuclear.

  36. Funciones. Dado el mapa conceptual que hemos establecido, las funciones primarias pueden ser propias del mismo hecho familiar o, independientemente, de cada una de las organizaciones que decanta.

    1. Las funciones de la familia han ido variando en el imaginario social. Pese a que permanecen con gran fuerza sus funciones económicas, no tienen un campo tan amplio como antes: ya no es unidad de producción sino que lo es sobre todo de capitalización y consumo. Las funciones emocionales, sin embargo, han evolucionado al alza. "La familia occidental se ha convertido en una fábrica de personalidades" (Luís Flaquer, 1998:35). De ella depende la fijación de la cultura del individuo (las creencias y valores con sus respectivos relatos) y en gran parte la estabilidad de los sujetos desde la infancia a la vejez.

    2. Lo familiar tiene una función principalmente identitaria como proyecto temporal bien sea de forma veraz a través de interacciones empíricas con la red parental en sus distintos planos o bien imaginariamente por los símbolos asociados a los antepasados clánicos.

    3. La red parental asume esa función general de ubicación histórica (narrativa) del sujeto o de los sujetos sociales que se formen. Generalmente se vinculan a las redes parentales otras funciones que más adelante estudiaremos como aquéllas de carácter económico o asistencial en crisis o de reconocimiento social en los diversos ritos (la sociedad sobre todo se personifica en la red parental con quien interactuamos: son los parientes (y amigos también en diferente medidas y sin garantías vitalicias) presentes en los ritos de paso quienes atestiguan quién se es.

    4. La familia nuclear tiene históricamente como función la reproducción (al menos la reconocidamente idónea o normativamente óptima) demográfica de una comunidad política y la correcta crianza de la progenie según la cultura de creencias y valores socialmente establecida como ética cívica (mínima). Además la familia nuclear incluye la función paterna y la función materna que ha tenido distintas configuraciones institucionales a o largo de la historia pero cuya presencia como papeles interactivos es universal siempre que exista el progenitor.

    5. La comunidad familiar tiene la función universal de la solidaridad (del tipo mecánico según Emile Durkheim o del tipo natural según Ferdinand Tönnies) primaria, permanente e interfactorial en condiciones de parentesco entre los miembros. Además, hay otra función única y universal: la comunidad familiar produce bienes y servicios en condiciones de familiaridad que pueden disponerse para la implementación de dicha solidaridad. Tanto cuanto la familia nuclear constituya además una comunidad también vincula esta función primaria de generación de bienes y servicios en condiciones organizativas de familiaridad. Ninguna otra institución del mundo, aunque se haya buscado, produce ese tipo de bienes. Por caso, el amor de madre es único e insustituible. Sólo se da en una familia nuclear y en ninguna otra relación. La crianza en una familia nuclear o en una comunidad familiar es insustituible. También la ayuda familiar en los negocios parte de unos supuestos de familiaridad que no se dan en ningún otro tipo de relación por ser diferente a los trabajos voluntarios, asalariados o esclavos.

  37. En conclusión, las funciones familiares no son imprescindibles para la supervivencia humana pero sí son insustituibles y, por lo que se conoce históricamente, la estructura óptima para la reproducción, la socialización y la integración social. Es el mismo ejercicio de las funciones familiares a lo que ponen impedimentos la nueva empresa neoliberal, la cultura consumista o las políticas que no incluyen lo familiar como sujeto y derecho. La diversificación de formas familiares, contra lo que suele decirse, puede significar una revalorización de las funciones familiares en nuestra sociedad. Finalmente, me queda una sensación de laberinto abierto: un camino no hecho del que no sabemos salir. Subyacen muchas preguntas morales frente a las que desde luego la psicología tiene un papel fundamental para ayudar a deliberar a la comunidad política. Me recuerda aquella célebre pregunta de Alicia al gato, ¿de aquí cómo se sale? a la que el gato responde: Depende a dónde quieras ir.


(1)La coparticipación radical de todos los miembros de la familia es reforzada como idea desde las perspectivas nuevas de raíz constructivista, en las que se señala que incluso "los niños son agentes activos en el proceso de construcción de valores, estableciéndose una relación transaccional, aunque asimétrica, con el adulto." Rodrigo y Palacios, 1998:205.

(2) En una cultura como la nuestra, no obstante, la identidad no es lo idéntico y, por ello, las formas de la vinculación social son también formas en las que se ejercen distancias, conflictos y desvinculaciones: las formas de construcción de identidad no son formas de construcción de adhesiones solamente sino de diferencias, de conflictos y de pluralidad (Carlos Thiebaut

1987: "Los valores morales en la familia española", en M. Beltrán y otros, 1987: "Estudio sobre la familia española", Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid:121-196.)

(3)"Rico teme que las medidas que necesita tomar y la manera como tiene que vivir para sobrevivir en la moderna economía hayan lanzado a la deriva su vida interior y emocional." R. Sennet, 1998: "La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo", Anagrama, Barcelona, 2000:p.18.

(4) "cuyas necesidades [la de los hijos] no pueden programarse para que se adapten a las exigencias de su trabajo." R.Sennet, op.cit.:p.19.

(5) "Ahora que él es padre, le obsesiona el miedo a perder la disciplina ética, en especial el temor a que los hijos se vuelvan unas 'ratas de centro comercial' (.) mientras los padres permanecen inaccesibles en sus despachos." R. Sennet, op.cit.:p.20.

(6) Quien quiera un texto accesible a dicha teoría de Thom, puede consultar el libro de varios autores: "Pensar la matemática", Tusquets Editores, Barcelona, 1984: pp.139-163.